Carta de la Asociación Cultural Alicante Vivo, publicada ayer en el Diario La Verdad, de Alicante, basada en el artículo "Cuando fuimos héroes..."
De nuevo, nuestro mayor agradecimiento a dicho periódico por su incansable labor en favor del patrimonio e historia de nuestra ciudad.
Este año se cumple el centenario del inicio de la Guerra de la Independencia, del que su periódico se ha hecho eco. Sin embargo, a pesar de las ilustraciones y gráficos explicativos aquí aparecidos, desde Alicante Vivo echamos de menos una llamada de atención a las huellas de esta guerra en nuestra ciudad.
El Castillo de San Fernando, levantado según los planos del ingeniero Pablo Ordovás en 1813, con motivo de la defensa de la ciudad ante la invasión napoleónica, nació directamente obsoleto para los fines bélicos. En el momento de su construcción, con severos fallos estructurales, podemos imaginar lo que tuvo que significar para la ciudad, que puso sus esperanzas de supervivencia en este nuevo castillo. Toda la población participó en la que fuera la obra de mayor envergadura efectuada en los últimos siglos en Alicante. El espíritu y el esfuerzo de todos los habitantes se integró en cada piedra de sus muros.Por suerte, nunca sirvió para aquello para lo que se había proyectado. La ocupación francesa en Alicante no se produjo. El General francés Louis-Pierre Montbrun bombardeó la ciudad el 16 de Enero de 1812 desde el Cerro de los Ángeles, pero sus tropas ese mismo día se fueron a Francia, requeridas para la invasión de Rusia.
Los alicantinos respiraron tranquilos, y con el impulso del ilustre Doctor Rico, se aprovechó posteriormente esta gran instalación para ubicar un gran pulmón verde que haría las delicias de generaciones enteras de alicantinos. Bañuls aportó la magia y el romanticismo de sus esculturas, y Sebastián Pérez Mira-Percebal y Miguel López urbanizaron su entorno en los años 30 del Siglo XX. A lo alto de su torreón, miles de alicantinos subieron durante años para observar su ciudad bajo una hermosa pérgola, y ver cómo el puerto se metía en un mar que se confundía con el cielo. En sus jardines se fueron ubicando columpios, un parque de tráfico, e incluso una pajarera donde admirar preciosas aves.

Los nombres que un día se creyeron grabados a fuego sobre la resistente roca para contar a las generaciones futuras el ejemplo del valor y de la defensa de unas ideas y un sentimiento, se borran hoy lentamente, la placa está casi ilegible, y el monumento pasa inadvertido. El conjunto del castillo, levantado con el esfuerzo de todos los alicantinos, las esculturas, los paseos, los jardines y parques, se encuentra en un estado de total abandono. Si alguien arrancara mañana uno de los leones de la rampa de acceso, para llevárselo a su chalé, tendría el camino libre, y sería una nueva desaparición de nuestro patrimonio para apuntar en la ya larga lista.
Sirva este artículo a modo de reivindicación para salvar las huellas de la Guerra de la Independencia en Alicante, y especialmente, para recuperar este hermoso lugar que posteriormente sirvió para que muchos jugáramos y disfrutáramos de pequeños, y hoy nos lamentemos cada vez que lo visitamos.
Defendamos la memoria y el patrimonio de Alicante, porque cuando los recuerdos se borren y las generaciones pasen, si nadie la mantiene, nuestra ciudad quedará vacía de recuerdos.
ASOCIACIÓN CULTURAL ALICANTE VIVO